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martes, 29 de julio de 2025

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Estimado Señor Coetzee:

  Espero sepa disculpar el uso de mi lengua madre para comunicarme con usted. Cualquier otro idioma que utilice ya sea por conocimiento o a través del uso de traductores en línea dejaría mucho que desear.

La verdad es que hace meses no puedo dejar de leer sus escritos. Anoche terminé HOMBRE LENTO y   en breve comenzaré con EL POLACO.

¿Por qué le escribo?

Porque me siento una especie de Elizabeth Costello del otro fin del mundo (sí, hay varios) sólo que nunca he conseguido – ni conseguiré a estas alturas- ser conocida aunque más no sea por una novela como   “La casa de Eccles Street”.

 No pasa un día de mi vida en el cual no piense “tengo que escribir sobre…” sin ponerme a hacerlo, por supuesto.  En tiempos no tan lejanos escribía mis historias o mis breves pensamientos con la  mínima esperanza de que alguien  los leyera. Eran épocas de blog  - la prehistoria de la era tik tok- y de vez en cuando alguien dejaba un comentario. Hoy los blogs solo juntas telas de arañas digitales y los protagonistas de las historias mueren sin siquiera ser vistos una sola vez, más abandonados que el artista del hambre de Franz.

Creo que ese es el motivo por el cual ya no escribo, Y me apena.

Elizabeth dijo   “Escribo para ellos. Tuvieron una vida tan breve, tan fácil de olvidar. Dejando a Dios de lado, soy el único ser del universo que los recuerda. Y cuando yo ya no esté, solo habrá vacío. Será como si no hubieran existido. Por eso escribo sobre ellos y quería que leyeras lo que he escrito. Quería transmitirte a ti la memoria de esos seres. Nada más.”

Son las 22.30 aquí en la ciudad de La Plata, Buenos Aires, Argentina. Estamos atravesando una ola polar y faltan, por momentos, tanto la energía eléctrica como el gas natural.

En esos momentos de oscuridad tomo una lapicera, un papel y escribo sobre soledad y sombras chinescas. Pero cuando regresa la luz vuelvo a la realidad de un mundo al que solo parece interesarle la inmediatez y los mensajes a la velocidad de 2X.

Ay Sr. Coetzee! Cómo me gustaría tener la constancia para escribir estas historias antes de que sea demasiado tarde.

Tuve un maestro, Gabriel Bañez. El siempre lo nombraba y citaba sus textos. Se suicidó en Julio de 2009 y yo no volví a encontrar una guía  o, mejor dicho, alguien que le prestara atención   a mis historias. Qué orfandad.

En fin. Dudo que alguna vez llegue usted, Sr. Coetzee, a leer este mail. Sin embargo, quizás sí me sirva como punto de partida.

Me lamento por el artista del hambre ¿Cierto? Sin embargo Kafka lo escribió en 1922. Estamos en 2025 y aún sigue allí.

Voy a buscar a mis artistas y tal vez, solo tal vez logre que alguien los mire.

Un cordial saludo






sábado, 6 de enero de 2018

cartas


Queridos Reyes magos: No sé si saben quién soy. Hace muchos años de esto, de todos modos no dejo de recordarlo. Yo  quería una coneja de peluche y les escribí una carta– en realidad  copié lo que mi abuela había escrito- pidiéndosela a ustedes. Puse la carta en el patio junto a los zapatos,  un poco de pasto y un balde de agua fresca para los  camellos fatigados. Todo estaba perfecto. En breve, ustedes comenzarían el recorrido pero, por esas cosas del terrible azar,  fui a buscar un abrigo al viejo ropero. Allí estaba la coneja envuelta en papel celofán. Fue un segundo…Cerré el ropero y no dije nada. Me quedé mirando el cielo buscando la estrella errante como si nada hubiese sucedido… ¿Acaso la creación de bellas ilusiones no es compartida?
Gracias igual por esa existencia sin mandamientos, ni encíclicas papales, ni masacres en el Medio Oriente. Gracias por la mirada, Baltasar.
Julieta

miércoles, 31 de mayo de 2017

Después?



No preguntes qué hay después. Mirá cómo el cielo se deja llover mansamente hasta ser arcoíris. Las respuestas no serán más que mentiras, un deseo, una dulce o amarga salida para calmar la ansiedad. No lo entedemos pero se terminó el tiempo de las bolas de cristal  en las que veíamos el futuro y, además, perdimos la capacidad de ser adivinos. No preguntes qué hay después; Cuando lo haces… ¿No escuchás detrás de tus palabras el crujir del instante? ¿No ves cómo lo que era pura belleza comienza a demacrarse y donde había sonrisas van naciendo surcos terracotas? No preguntes qué hay después, sólo el tono alcanza para  socavar  la fe y los  interrogantes (como mazazos) tatúan la piel hasta dejarla pegada al hueso de la queja por lo que aún no es.
Como si  pudieran explicarse  las pupilas carcomidas por el sol, el pájaro que no puede dormir o el borde siempre abierto  de otras almas. No preguntes qué  hay después. Debemos ser tolerancia extremista para no caer. Ser la persistente fuga de grillos mientras el  amor viaja  en nanosegundos  hasta las pupilas que estallan. Ser melodía, ruido, silencio. Nunca preguntes: disfruta de las sombras chinescas que hacen las palabras,  las lágrimas o nuestros dedos mientras se consume la vela.




viernes, 21 de abril de 2017

Pero no hay...






- Pero no hay puertas para salir…
- Cuando se quiere escapar basta una diminuta ventana…

Frío. Se siente frío el corazón. Un cúmulo de pequeñas muertes diarias. Mini adioses que quedan en la punta de los dedos. Dejar ir.
Dos estatuas  cinceladas con la vieja memoria pero frías.
Nada más triste que  la indolencia… dejar que algo se desarme entre los dedos sin un mínimo de remordimiento.


Cerradas las puertas del verano, busquemos las ventanas que esconde  el otoño                  entre sus hojas y a seguir… 


 Castillo de Montjuïc, Noviembre 2016.


jueves, 13 de abril de 2017

Ella

  


 Lo reconozco: vivíamos una rara armonía.  Mientras yo me ocupaba de lo cotidiano - las necesidades básicas para que pudiésemos sobrevivir- ella se perdía entre arpegios y cadencias oscuras. Me iba a trabajar y ella se quedaba escribiendo en su libreta. Regresaba y todavía estaba sentada allí, pero no me molestaba. No pedía casi nada  salvo algún cigarrillo o mi gesto de aprobación de vez en cuando. 
  Todo estaba bien hasta que un día  se  asomó a la ventana y sintió que, quizá, saliendo del encierro lograría conformarme un poco más; Ampliar lo que éramos entre estas paredes.
 En principio fue una buena idea. Partíamos juntas y cada una tomaba su camino. Al regresar, ella contaba, fascinada, todo lo que había hecho. Volvía de la calle con un brillo  en los ojos que le desconocía.  Esto duró diez o doce días. Por algún motivo, el brillo fue opacándose y ya no contaba su experiencia; se limitaba a escribir en su libreta, sosteniendo un silencio rarísimo en ella. Supe, por algunos comentarios al pasar, que se había equivocado, que había mezclado las acciones, dando donde correspondía quitar y tolerando donde debía poner punto final.
  La veía tan acorralada. Que podía hacer si, en algún sentido, yo era la responsable. 
                                                                 ***
  Iba a esperar hasta la luna llena pero diez días más era demasiado tiempo. Ella no dejaba de escribir en su libreta, obsesionada con lo que había vivido y es sabido que hay situaciones en las cuales no sabés en qué momento vas a explotar, vas a perder la noción de realidad, vas a sobrepasar todos los límites. Cuestión que busqué una  página  de venta online y  compré dos pasajes para la madrugada del domingo 5. Coche cama ejecutivo. Un viaje de menos de cinco horas.
  Se lo dije a la hora del almuerzo:
  —  Compré dos pasajes a Mar del Plata; salimos de acá alrededor de las  once.
   Uh, pero me hubieses avisado antes… Tengo que arreglarle el cierre a la mochila.
   No te preocupes— le contesté —. Llevá una sola muda de ropa y algo de abrigo, al lado del mar siempre está fresco.
  Noté esas dos líneas que se le formaban entre las cejas cuando no entendía.
   Hace tiempo que tenemos este viaje pendiente, ¿Te acordás?  Querías probar la cámara nueva…
   Cierto, la cámara nueva, ya me había olvidado…
No se habló más del viaje. Ella se puso a coser la mochila y yo acomodé mi bolso.  Documentos, dinero, aspirinas, las gotas para los ojos.
  — ¿Me prestás tu  tapado negro? — Me preguntó—, tiene esa capucha que me gusta tanto.
   Sí, claro. Yo llevo una campera.  
  Once menos veinte se escuchó la bocina del remisse.

  Mientras apagaba las luces, ella  miraba cada rincón.  Muchas de las piedras coleccionadas le pertenecían, también algunos libros y la cajita de música a manivela con  la imagen del chat noir.  
   ¿Lista?
   Sí, casi me olvido la libreta…
   Vamos…
  Como lo hacía habitualmente, ella se puso a conversar con el chofer: creía que despreciaba a las personas si no les decía algo. Llenar silencios era su compromiso con el resto del mundo. Yo revisaba mi bolso; Escuché que rememoraban  la tormenta de principios de febrero, los cortes de luz  y los piquetes de los vecinos reclamando su reposición.
“Qué va hacer, doña… Son 160 pesos”
Llegamos a la terminal. La plataforma estaba casi vacía. El micro tenía las puertas de la bodega abiertas pero nosotras no habíamos llevado valijas. Subimos. Ambas queríamos la ventanilla pero le di el gusto, total, trataría de dormirme en cuanto se apagaran las luces interiores.
Los semáforos de la avenida 44 titilaban en amarillo. Alrededor de la una estábamos subiendo el distribuidor de la ruta 2. A ella le  fascinaba percibir  la proximidad de las estrellas sobre esos  campos a oscuras. Llevaba puestos sus auriculares  con el volumen alto. La misma lista de reproducción usada cotidianamente: “ And when our worlds /They fall apart…” no sé cómo no la aburría escuchar siempre lo mismo. Poco antes  de llegar a Dolores ya estaba dormida, recostada su cabeza sobre mi hombro.
Yo no pude dormir. Del otro lado del pasillo un hombre  roncó, denodadamente, hasta Las Armas.
Llegamos pasadas las cinco y media de la mañana.  Por avenida Constitución circulaban algunos camiones de reparto, el basurero, dos patrulleros. El mar era otro campo oscuro, más profundo, sí.
La desperté. Sorprendida, se quitó los auriculares.
   Qué rápido! ¿Ya estamos en Mar del Plata?
Al bajar del micro sentimos el mar hecho viento.  
 El hotel no estaba lejos pero preferimos tomar un taxi. Otro chofer, otra conversación. Fue el turno del final de la temporada y la tranquilidad en el tránsito cuando se van los turistas.
“Son 85 pesos…que disfruten la estadía”
El lobby estaba en penumbras. Detrás del mostrador se veía el perfil de un chico frente a un monitor.
   Buenos días— dije—. Tenemos una reserva…
   Buenos días— contestó— sucede que el check in es a las doce del mediodía
   Sí, lo sé, pero pagamos  todo el día de ayer completo para poder tener un lugar donde estar cuando llegásemos.   
   Ah, entiendo. Si me permite sus documentos…  
  La habitación tenía un pequeño recibidor con un sofá cama  y dos sommiers. Corrimos las cortinas y allí estaban la playa, el muelle de pescadores, las estrellas.    
Ella sacó de su mochila la computadora. La prendió.
   ¿Qué vas a hacer?
   ¿Cómo dijo que era la clave del wi fi?
   Bristol54 pero… ¿Ahora te vas a conectar?
   Quiero saber a qué hora amanece así espero y le saco fotos al sol sobre la línea del horizonte… acá dice que sale 06.39, no falta tanto…
  La dejé  preparando la cámara. Necesitaba dormir.
Alrededor de las diez me desperté. Ella se había quedado dormida sobre el sofá. A su lado, la cámara que tanto había deseado. Por  breves instantes me dio pena. Tanto esfuerzo para ser como era…
   ¡Arriba, vamos!
   Adónde?
   Estamos en Mar del Plata, no pensarás quedarte  encerrada acá con la computadora. Caminemos, vayamos hasta la orilla del mar…
Raro no ver vendedores de sombreros, de avioncitos, de gaseosas, de helados. En la playa una pareja de ancianos con un perro blanco y un hombre bordeando la orilla del mar con un detector de metales.  
   Quisiera escribir algo en la arena…
   ¡Dale!
Escribía y pisoteaba la arena húmeda con sus borceguíes de película Burton.
Pasamos el resto del día caminando por el centro. Nos seguían llamando la atención los negocios cercanos al Casino donde la gente empeñaba sólo para seguir apostando en la ruleta relojes, anillos o cadenas, objetos que, seguramente, tenían una historia familiar; historia que moriría en la vidriera.
Las librerías de usados: otro lugar favorito. Muchos libros especialmente dedicados que terminaban en las manos de un desconocido.
Caminamos por calle Buenos Aires hasta el boulevard Peralta Ramos y por allí  hasta el  monumento de Alfonsina. Sacó fotos a las placas que recordaban a otros poetas - a otros suicidas- y se entretuvo leyendo. “Soy un pobre poeta/admiro tu poesía/tengo tu mismo pensamiento/solo me falta tu valentía. F. Minici 10-9-1990”
   ¿Qué pasará por la cabeza de las personas, no? ¿Te acordás cuando creíamos que la escritura salvaba?
Esa conservación había tenido lugar hacía ya demasiado tiempo. Y sí, en eso creíamos y en eso dejamos de creer.
Anochecía.  Regresamos al hotel para abrigarnos y salir a cenar.
Intentó conectarse a la red pero la pantalla le devolvía la leyenda “el servidor DNS no responde”.  Me pareció que era lo mejor que le podía suceder. Mientras yo me delineaba los ojos ella hizo algunas anotaciones en su libreta.
Ya en la calle, visita obligada al Mac.  Hamburguesas y  luego un helado de chocolate amargo bañado en chocolate, como le gustaba.
   Media luna exacta, ¿Viste?
   Vi… ¿Caminamos un rato? Por la rambla está bastante iluminado…
   Sí— prendió un cigarrillo. Luego de algunos pasos, agregó: — Me equivoqué, ¿No es cierto?
   Sí, y vos sabés que hay errores que uno ya  no puede volver a cometer. Te pusiste a pensar todo lo que nos costó llegar hasta acá…
   No…
   Si me pongo a indagar estoy segura de  que todavía dudas entre lo que vale la pena y lo que no, de otro modo no se entiende tus idas y vueltas arriesgando todo o casi todo por… al final ¿Por qué fue? La verdad, no me quedó claro…
   No creí que era tan grave. Te pido mil disculpas. No sé… ¿Qué puedo hacer para solucionarlo? Ya sabemos que el tiempo no se puede volver atrás pero, quizá…
No le contesté.
   Bueno, no tiene mucho sentido que sigamos caminando—, le dije.
Me miró con esa sonrisa triste que solemos poner cuando debemos aceptar lo inevitable. Se quitó el tapado.
   Te lo devuelvo, ya no lo voy a necesitar.
   No… ya no.
Se dio vuelta y comenzó a caminar por el viejo espigón. Levantó la mano izquierda diciendo adiós.  Vi su silueta desaparecer en el reflejo de la luna sobre las rocas.
                                                     ***
  Regresé al hotel. Antes de apagar la computadora le cambié el fondo de pantalla: la fotografía de sus hojas otoñales  por la imagen de la frase que ella había escrito en la arena. En la cámara quedó un amanecer perfecto. Iba a arrancar los últimos meses de su libreta pero eran una buena ayuda memoria.
Acomodé todas las cosas en mi bolso y puse su mochila- que se había vuelto a descoser-  en el cesto de basura.
Fui a la terminal a esperar un micro que me trajera de regreso. Conseguí para las dos de la madrugada. Viajé junto a la ventanilla, con los auriculares puestos y esa  única lista de reproducción.   
Quizás empiece a extrañarla pero no es la primera vez que una parte de mí debe sacrificarse  para que yo pueda seguir viviendo y, seguramente, no será la última.  

12 de marzo de 2017


domingo, 2 de octubre de 2016

Flores olvidadas en los libros




Para llegar hasta la frase del libro que buscaba tuve que demoler dos telas de arañas. Cuánto tiempo sin pasar por la letra A…
Es que la vida te deja elegir dos o tres caminos pero, generalmente, te va empujando hacia donde quiere. Y la biblioteca quedó en las sombras.  
El tiempo en porciones. Un poco lo usé  gastando las yemas de los dedos en  fa- si bemol- la  bemol- sol bemol- la bemol- sol bemol- fa. Notas de Tiersen mientras la muerte se entretiene en otros pentagramas.
Otro poco se fue diluyendo entre las “crónicas” diarias de un mundo tan brutalmente humanizado que ya no asombra. Qué otra cosa es el hambre o el asesinato o la violación sino la acción de un hombre sobre otro. Trump, Isis, 32 % de pobreza en Argentina.

Vuelvo a la búsqueda. Al libro.
Subrayados de un pasado arcaico. Y papelitos. Y flores.
En el interior de Compañía de Beckett un cartón que dice “Copa de leche. Bono contribución. 2002.”
En Páginas escogidas de Artaud  el recorte de una revista “A diez años de la muerte de Borges”
En El juguete rabioso de Arlt  una  pequeña tarjeta celeste y blanca y letras en negro “Ayuda a excombatientes de Malvinas”
Una rosa blanca en el libro que buscaba. La guardé, es un hecho, pero… ¿Qué significaba?  No es de alguna tumba conocida… ¿O sí?  ¿De algún amor sin tumba?
Esta maldita memoria que me traiciona y me paraliza  porque, como dicen, “el tiempo es eso que transcurre entre un recuerdo y otro”.

Mejor no sigo con estos libros tan parecidos a la caja de Pandora destinados a desatar  recuerdos  y olvidos.

Regresen al tejido, arañas.


Fa- sib- lab… 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Refugiarse en el centro de una flor



Es septiembre y paró de llover.
Sobre la vereda, una veintena de lombrices muertas. Huían de una muerte segura ante la inundación de sus cuevas. Se arrastraron hasta que el sol las secó.
Esa cosa del destino inexorable.

 “y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj”

Sin darme cuenta me estaba contando breves escenas de mi vida. ¿Recurrir al pasado con el propósito de mantenerme viva? ¿Qué nuevas experiencias… qué voces?
Me veo  a través de la ventana…  cuánto silencio en esa mujer, me digo.
 El ojo humano ve solo  cáscaras. 

Como mudarte y seguir buscando la tecla de luz en la pared incorrecta. Así la fe, el amor, la rabia: un hábito.


Primavera en este rincón del mundo. 




sábado, 18 de junio de 2016

O sea... Nada, en comparación.

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*A medio camino entre un film de Kusturica y uno de Tarantino, la escena del ex secretario de obras públicas revoleando bolsos con millones de dólares, a través de las paredes de un convento, a las cuatro de la madrugada, nos  dibuja a muchos de nosotros la amarga sonrisa  de la confirmación.  ¿Sabés que tira junto a los bolsos? Tira tu no-techo de losa y te deja con cuatro chapas podridas. Tira tu no-asfalto y te deja el barro que se te mete hasta el alma. Tira tu fe en los gobiernos “populares”.

*Nunca había sentido con tanta violencia el paralelismo de espacios y tiempos. Mientras ese hijo de mil putas pide cocaína y se hace el alucinado otros cientos de hijos de puta se hacen los sorprendidos.
Esto, acá.
*Allá, en uno de los mundos paralelos llamado “Pulse”, alguien saca su fusil  Sig Sauer MCX  y comienza a disparar haciendo “blanco” exacto en 50 personas y mejorando la performance electoral de un tal  Pato Donald Trump.
*Un poco más a la derecha del mapa  un caimán de Disney  se roba un pequeño niño de las manos de sus padres quizá como acto de “justicia” por la muerte de otro compañero de cautiverio, el gorila del zoo. (Lástima que siempre en estos intercambios  paga la persona equivocada.)
*En la primavera mediterránea, el mar se puebla de barcos, delfines y cadáveres abandonados que alguna vez fueron madre amasando pan, hijo jugando con una pelota, padre buscando refugio entre los escombros. El vaticano propicia la creación de más cuadrillas juntacadáveres mientras estrecha la mano de uno y otro bando hacedores irrefutables de todos los conflictos.  
*la lista de espacios y tiempos es infinita. Quizá tus tiempos sean un paso de comedia  u otra tragedia más.
 Hasta aquí,  este  junio congelado. Y mi fiebre. Y la falta de electricidad. Y la carrera sin GPS. Y otro duelo consagrando mi experiencia en los círculos del amor fallido. 


O sea… nada en comparación. 

viernes, 13 de mayo de 2016

Avenidas

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Caravanas de autos a más de cien kilómetros por hora que te obligan a fijar la vista  en el frente o el centro del retrovisor. Te empujan;  Te llevan siguiendo un ritmo impuesto por la rutina.   Distraerse puede ser una fatalidad.
Y dejas pasar el estallido del otoño en la copa de los árboles, el ocaso y tu propio deseo de detenerte y grabar esa imagen.

  “Quizá mañana” murmurás; pero no es el “mañana” de la niñez que te hacía dormir soñando futuros. Es eso otro mañana del pendiente frustrado, sabiendo que, probablemente, el sol no ilumine sobre el mismo ángulo, o llueva o un viento violento arranque las hojas o tus ojos ya no estén para mirar.

Así. En todo. Medidos, empujados, llenos de pendientes.

No.




viernes, 6 de mayo de 2016

En todo, una melodía

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“La música expresa todo aquello que no puede decirse con palabras y no puede quedar en el silencio.” Víctor Hugo



Las cartas. “Mi desgracia”, escribió Chopin. Y fue vals.

Semáforos en rojo  y el vuelo de gorriones entre los autos
dos monedas que apenas caben en una pequeña palma sucia
a cambio de un santo desconocido y una mínima sonrisa

Allí
En los ojos que se cierran rogando  por un mañana donde todo, aún, esté de pie
La calle, la casa, los amigos;
Donde el sol no tenga las ojeras causadas por las bombas

Melodía la que ejecutan las velas desplegadas
y ese cortejo de vientos y delfines
que asisten al funeral de sus fantasías, mar adentro.

También
en las yemas de los dedos sobre la piel desnuda
en el coraje de releer la propia historia
mientras un coro de hojas otoñales
y un grave listado de pasiones en sepia
cantan en mi corazón

en todo existe una melodía…
Sigo buscando.


viernes, 15 de abril de 2016

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Haec, inquit, ego non multis, sed tibi…

Solo una araña melancólica interpelándome  a través de una confusa y laboriosa tela:
-Y si ese jardín de la niñez no hubiese tenido un pequeño jazmín cada verano...Y si ese tren no hubiese llegado vacío a la estación…Y si  alguien hubiese contestado el teléfono…Y si no te hubieses obligado a sonreír ante cada cachetazo del destino, ¿Serías capaz de escucharme?
Balbuceo.
Insiste y redobla su dosis de veneno.
-¿Buscaste esta soledad?
Yo, que aprendí a interpretar los signos de la cobardía tallados en las proas que navegan a millones de años luz y, también, los fabulosos silencios, le contesto: 
-¿Qué soledad? Mis acompañantes jamás se anuncian con campanadas; Entran, invaden, huyen o se acomodan en algún rincón, para siempre. Soy como el viejo piano llovido y llorado por Chopin esperando la oportunidad para resucitar una balada. Y vos, una compañía más.


domingo, 10 de abril de 2016

Paradiso

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Because taxes are for poor people




Beatrice luce un par de Louboutines blancos. Tacones de  doce centímetros que apenas replican en las escaleras de mármol. Dante la acompaña dos escalones más abajo. Huele a orquídeas negras con notas de euros.
Paraísos fiscales. Cuando las estrellas fijas solo les importan a los pobres soñadores.
Dinero privado y dinero público: todos los billetes en los mismos canastos de la lavandería global.
Mientras tanto, en el infierno terrestre, te cobran impuestos con el hambre de tu madre, el dengue de tu amigo, un misil en el hospital público. Pagas los impuestos comprando pan y leche o tratando de rescatar el cadáver de un niño ahogado en la playa.  
El efecto mariposa es este polvillo de miseria cada vez menos selectiva que cae sobre nuestras cabezas mientras los intocables suben a sus helicópteros en la cima del  Burj Al-Arab.
¿Cuántos “papers” más soportaremos los infernícolas, mansamente?  


#Everywherepapers 

viernes, 18 de marzo de 2016

Spoiler

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El mundo es el infierno, y los hombres se dividen en almas atormentadas y diablos atormentadores. Schopenhauer


  Equivocada. Creía en pequeños paraísos con esa fe de cautivo sintiendo los pasos del carcelero. En sus manos un plato de sopa para el alma. Aun fría. Aun preparada con las propias entrañas. O con entrañas ajenas, qué más da.  Un mínimo brillo entre tanta tiniebla.

Hace tiempo descubrí cómo termina Todo. Siempre.

No se sale de los círculos salvo partidos en mil pedazos o ilusionados con la próxima víctima.


Rehacerse o  diseñar otra cacería: únicas opciones, hasta el infinito. 

lunes, 29 de febrero de 2016

Un día más de No olvido

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 “¿Temes lo que pueda ocurrir mañana? Ten confianza, sino, el infortunio no dejará de justificar tus aprensiones.” Omar Kayyam


Un día de más en el calendario. Sigo acomodando el mundo que me rodea.  Cajones y cajones de recuerdos etiquetados; prolijamente revisados y ensobrados aunque el método de “revolver” en la memoria de como resultado la resurrección de “un montón de estiércol” como decía Freud.
Confieso que, a veces, duele más de lo tolerable.
  Escribir. Escribirse como única herramienta.
  Uno se  “saca” de encima esas mochilas agobiantes, llenas de traiciones ajenas y propias, y las arroja al papel.
  Contar.  Quizá sea una de las formas – sino la única- para alcanzar eso que llaman “justicia” de modo pacífico.
  Sin ese sentimiento de “justicia alcanzada” es imposible cerrar los cajones. Como si se tratase de una casa embrujada, se abren solos, en cualquier momento, en medio de la madrugada, en una caminata por el bosque, en una vieja canción.
 ¿Y qué del perdón?
   Magia que transforma  esa casa embrujada en un jardín. Instante de locura que disipa la niebla. Un faro. 
Sí, magia que solo funciona frente a aquellos que han pedido perdón.  De otro modo, No existe.
  Mañana será Marzo. Casi otoño por aquí.
  Lo intenté. Juro que lo intenté. Pero no hay olvido ni perdón.

Toca seguir escribiendo, sin temor.


P.D: “En el fondo, todo lo que he escrito lo he escrito por necesidad inmediata, quería librarme de un estado para mí intolerable” E.M. Cioran