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domingo, 22 de mayo de 2011

Un oso verde (entre Gelman y yo)



Ya no sé. Pensé que lo sabía, que arrastraba ese recuerdo cargado de realidad desde las páginas de un viejo libro de lectura (¿Mi amigo Gregorio?)

Estamos el libro, yo  y la imagen de un oso desandando el camino. Esa forma de libertad me daba tristeza.

Tengo un oso verde
Que siempre se pierde
Yo le hago chas-chas
Y él se pierde más.

Oso que te pierdes
¿A dónde te vas?
A un país  muy verde
Donde no hay chas-chas.

Releer el propio pasado.



Las formas del vacío: La escritura del duelo en la poesía de Juan Gelman. Estudio de Geneviève Fabry  que une  las primeras lecturas infantiles al horror.

Escribe la autora:
  “En la clarificación de las fuentes de los fragmentos poéticos de la  junta luz nos hemos topado con algunos textos que no parecen remitir a un texto anterior preciso. En primer lugar hay un poema que no se ha podido identificar. Lo cierto es que no pertenece a los poemarios del exilio. Lo más curioso, y es de recalcar también  el hecho de que esto  tiene sentido, en la perspectiva de la lectura es que este poema comparte el mismo motivo central que otro de un libro mucho más reciente, Valer la pena (año 2001)”

 El oso verde. El camino de otro exilio.

Sigue:
“El motivo del oso verde vuelve en Valer la pena, en  uno de los poemas más estremecedores del libro, “Regresos”:

Así que has vuelto.
Como si hubiera pasado nada.
Como si el campo de concentración, no.
Como si hace 23 años
que no escucho tu vos ni te veo.
Han vuelto el oso verde, tu
sobretodo larguísimo y yo
padre de entonces.
Hemos vuelto a tu hijar incesante
en estos hierros que nunca terminan.
¿Ya nunca cesarán?
Ya nunca cesarás de cesar.
Vuelves y vuelves
y te tengo que explicar que estás muerto.

(Valer la pena, 1996-2000)


Análisis literario reconstruyendo las sendas de los creadores. Mejor: la de los seres humanos.

Tantos osos verdes como ojos capaces de apreciarlos.

Juan Gelman y las cosas que no me mostraron…

Releer el pasado y comprobar  que la niñez no siempre es ingenua.

No sé cuál era el libro. No importa.
  
El oso verde sigue su camino. Busca libertad. Y siempre con  la misma tristeza.