Trip




 14 de noviembre-05 de diciembre de 2014


Nada de qué huir.

Ningún fantasma.

La brevedad que soy cabiendo en la mochila.

Cerrar la puerta de la fortaleza  por 21 días, a pesar del ruego de mi almohada que se presiente sin sueños; a pesar de los ojos de mis perros…

Un viaje. Borrar los límites de mi pequeño mapa incluso desmarcando las zonas de soledad,  abismo o locura.  

Un viaje. Un juego. Casi todas las cartas sobre la mesa. Un as escondido en la manga: volver




******************************************************

Plaça del Pi, Ciutat Vella, Barcelona. Sábado 15 de noviembre.




Todavía con el azul mediterráneo visto desde el cielo en algún hueco de la retina, miro estos muros. Imagino siglos de lluvia refrescando la boca de las gárgolas; El eco de los cascos de los caballos; las súplicas de algún mendigo.  [Imagino porque sé tanto de este lugar como él sabe de mí]



Hay una feria de artesanos  y  algunos ojos saltando de souvenir en souvenir.  Inevitable que despierte el recuerdo de San Telmo. Pero no. 12.000 kilómetros y el aroma de  castañas asadas nos separan.

Las voces que trepaban hasta este pequeño balcón [mi balcón en este instante] se van alejando por los callejones.


Queda el silencio y las palabras de un sueño entrecortado.


Amanecer con la luna conocida y una bandera  por conocer.


*******************************************************


Camino hacia la orilla del Mar, Barcelona, 16 de noviembre.




Creí que los recuerdos de lo imaginado se borrarían; Ahora sé que no sucederá. Lo no vivido se completa con un número casi infinito de detalles.

Andando por pequeños callejones uno puede encontrarse con:





* Los aplausos del público en el Palau de la Música catalana tras oír “Azulejos” de Albéniz terminado por  su amigo Granados.
* Los restos del grafito dejado por Picasso y sus amigos de Els Quatre Cats.
* Una “Barcino” desempolvada que conserva en sus ánforas el sabor de la Roma augusta.

Una de mis guías es una hermosa pequeña catalana llamada Abril que en perfecto español me cuenta:

- No se puede cambiar una sola oca. Si alguna se enferma o muere hay que cambiar a las restantes si no lastiman a la nueva hasta matarla.  



13 ocas en el patio de una Catedral. Historias.

Entre el cielo y el infierno: gárgolas expectantes y bloques de piedra con la memoria grabada.





- El mar está cerca- dice mi guía. Y hacia allá vamos.




“Mi” puerto de Barcelona no tenía esa montaña como telón de fondo. Ni ese Colón indicando un camino. [Ahora sí]
“Mi” Mediterráneo sí era tan azul como el que veo.

¿Las huellas en la arena? Mi nombre y los pasos amigos.



Lo que debía ser.

P.D: Muchísimas gracias a Gema y su pequeña Abril por la maravillosa compañía.